TDAH: ¿es una nueva ‘epidemia’ del siglo 21?
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Los trastornos mentales constituyen un aspecto ‘abandonado’ del cuidado a la salud hacia el cual debemos voltear, pues representan un problema serio de salud pública
La salud mental –o salud emocional– es un aspecto de la vida de las personas que hemos soslayado largamente. En sociedades como la nuestra, no le prestamos la atención requerida porque prevalecen ideas en torno a esta que minimizan su relevancia en el desarrollo general de los seres humanos.
Sin embargo, se trata de un aspecto central de nuestras vidas. Un aspecto que, de no atender, se traduce en lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce como “trastornos mentales”, los cuales pueden derivar en alteraciones de la cognición, la regulación de las emociones o el comportamiento de las personas.
Se trata, por lo demás, de un problema mucho más extendido de lo que creemos. La OMS sostiene que casi una de cada siete personas en el mundo padece un trastorno mental que se traduce en “angustia o discapacidad funcional en ámbitos importantes”.
Uno de estos trastornos es el conocido como TDAH o “trastorno por déficit de atención con hiperactividad”, el cual se caracteriza por “un patrón persistente de falta de atención o hiperactividad-impulsividad que tiene un impacto negativo directo en el funcionamiento académico, ocupacional o social”.
En Coahuila, de acuerdo con el reporte que publicamos en esta edición, el número de casos diagnosticados de TDAH se ha disparado en los últimos tiempos, pasando de 416 casos en el año 2021 a 750 durante 2025.
Este incremento, resulta importante decirlo, no refleja un aumento en la incidencia, sino solamente una mayor preocupación por la detección y tratamiento oportuno de los trastornos mentales. Esta mayor preocupación es, en todo caso, un signo positivo en el comportamiento colectivo en relación con este tipo de trastornos.
La incidencia plantea, entre otras cosas, la necesidad de mejorar la cobertura de servicios de salud relacionados con el aspecto emocional de las personas. En otras palabras, lo que esto indica es que debemos ocuparnos de construir un sistema de salud que tienda a la atención integral de los elementos físicos y emocionales.
Porque, como se ha señalado en numerosas ocasiones, una condición saludable no es solamente aquella en la cual nos encontramos libres de padecimientos “tradicionales”, es decir, aquellos que se manifiestan a través de malestares físicos o el mal funcionamiento de alguno de nuestros sistemas biológicos.
De hecho, el carecer de una adecuada salud emocional puede provocar que personas a las cuales, en condiciones ordinarias, consideraríamos “sanas”, sean incapaces de realizar sus actividades habituales e incluso lleguen a desarrollar padecimientos físicos.
El incremento en el número de casos diagnosticados de TDAH tendría que conducirnos entonces a reaccionar en el sentido de promover el desarrollo de sistemas de salud más robustos que pongan énfasis particular en el bienestar emocional de las personas.
Se trata de una necesidad urgente.