Pieza imprescindible en Coahuila es la del secretario de Gobierno, quien a su eficacia añade el equilibrio de la moderación
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La designación de Pimentel González como secretario de Gobierno tiene características de claridad, es decir, fue un acierto su nombramiento, pues su papel jurídico-político es delicado
El equipo gubernamental que administra el estado de Coahuila fue conformado por el gobernador con inteligencia, pues supo distribuir las piezas guardando un equilibrio que ha dado resultado. Sin embargo, ahora, casi a mitad del sexenio, el desgaste natural de algunos miembros y la necesidad de seguir estrategias mirando hacia un horizonte, tal vez convenga hacer cambios que delineen el camino y afiancen su futuro político. El termómetro nacional lo califica hoy como el mejor gobernador.
Una pieza imprescindible de ese engranaje es Óscar Pimentel González, quien desde la Secretaría de Gobierno opera con sapiencia política y acumula un peso específico que le permite navegar sin necesidad de hacer olas, producto de la afinación de su olfato político. Pimentel sabe tejer fino y desempeñarse con discreción; ha empleado su destreza para llevar buenas diplomacias con los distintos grupos que cada sexenio se agregan, además de algunos grupos fácticos. Es así como ha obtenido la dimensión necesaria que se convierte en el soporte que le sirve para abrir otras puertas.
El arribo de Pimentel González a su posición actual ha sido producto del arrastre de espacios desde su vida estudiantil, pasando por puestos de carácter municipal (alcalde de Saltillo), estatal (secretario de Estado) y en la esfera nacional (Conagua). En el ámbito federal, lo recuerdo como encargado de las finanzas del secretario de Gobernación, el poderosísimo Fernando Gutiérrez Barrios –que solía degustar la sabrosísima carne que de Saltillo le enviaban–, quien dirigía el aparato de inteligencia del Estado mexicano y el control de la estabilidad política en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Fue de aquella experiencia donde seguramente Pimentel González aprendió innumerables estrategias que ahora implementa en la conducción de su Secretaría.
La designación de Pimentel González como secretario de Gobierno tiene características de claridad, es decir, fue un acierto su nombramiento, pues su papel jurídico-político es delicado; sin embargo, lo ha caminado con solvencia intelectual, independencia y ecuanimidad suficientes, logrando guardar un equilibrio que no ha caído en raspaduras.
Desde su refugio en un segundo piso palaciego, opera con una integridad acerada, consciente de que la política tiene diferentes aristas, mismas que deben estar inspiradas en el sello de la casa. Esto requiere de una experiencia extrema que arroje una medida sensata de claridad conceptual, basada en la conveniencia del régimen, siempre respetando la separación de atribuciones que cada uno de los tres poderes tiene.
Como secretario de Gobierno ha sabido lidiar con posiciones y criterios que no están encuadrados en su propia línea, pues ocurren corrientes políticas disímbolas con las que tiene que contender y de las que ha salido avante, dejando de lado utilizar una actitud hierática. Ha mostrado ser una persona abierta de mente, afable, pues su talante manifiesta una cualidad atenta y dispuesta a las disputas civilizadas sin caer en discusiones bizantinas.
Es visible que ha cumplido con el libreto en su papel de argumentista, mostrando sensibilidad de atesorar experiencia, olfateando los posibles caminos que lo conduzcan a otros territorios. Su cumplimiento en el segundo puesto más importante en la estructura del Gobierno del Estado lo ha recorrido por vías que ha dejado bien pavimentadas. Mientras tanto, estaremos en palco proscenio siguiendo su trayectoria, ya que es un político coahuilense que ha sabido recorrer rutas que lo han llevado a puertos seguros.
Nota: Considero importante señalar que tengo aproximadamente once años sin cruzar palabra con Óscar Pimentel, lo que no me ha eximido de seguir su carrera política, ni pretendo conseguir un puesto dentro de la estructura gubernamental. Mi exposición, considero, se apega a la justicia y no a un simple escurrimiento de miel.
Se lo digo EN SERIO.